Entra un borracho en la iglesia a la hora de la consagración: "¡Sírvanle a todos, yo pago!", grita el borracho acaparando la atención de todos. "¡Shhh, estamos en misa!", protesta la gente tratando de oír la misa. El borrachín siguió acercándose al púlpito gritando de nuevo: "¡Sírvanle a todos, yo pago!" "¡Shhh, no ve que estamos en misa! ¡Cállese!" El beodo sigue avanzando y grita nuevamente: "¡Qué le sirvan a todos, yo pago!" Ya enfadado, un sacerdote que estaba en el confesionario lo regaña: "¡Ya cállese, tenga respeto en la consagración!" El temulento se le queda viendo fijamente y vuelve a gritar: "¡A ese que está en el retrete también sírvanle, yo pago!"