Entra un hombre al consultorio de un médico y le explica su problema: "Doctor, verá, mi problema es que tengo un testículo de madera y otro de acero." "¿QUEEEE?", exclama el doctor, "no puede ser posible." "Sí, tengo un testículo de madera y otro de acero." "Esto no lo puedo creer." "En serio, si desea se los muestro." Efectivamente, se baja los pantalones y ¡zas!, uno de madera y uno de acero. "Asombroso," exclama el doctor mientras los examina meticulosamente, "pero que pena por usted que nunca podrá tener hijos." "Cómo que no?, si tengo ya dos hijos, y están en la recepción." "No puede ser, hágalos pasar." El paciente se incorpora y grita: "¡¡PINOCHO, ROBOCOB, PASEN!!"